La situación en las islas del Paraná se vuelve cada vez más crítica. La crecida del río obliga a los ganaderos a tomar decisiones urgentes respecto de miles de animales que deben ser reubicados o vendidos. Expertos del sector ganadero fueron consultados para evaluar qué consecuencias traería esta movilización para el mercado de carnes.

El panorama que presentan los analistas es cautamente optimista. Según su visión, aunque algunas categorías de ganado experimentarán reducciones de precio, el impacto no será traumático para la cadena de valor ni para los precios al consumidor final.

Esta perspectiva se sustenta en varios factores. Primero, el país posee suficiente capacidad productiva ganadera distribuida en otras regiones que no están afectadas por inundaciones. Segundo, el ganado que se retira de las islas no representa la totalidad de la oferta nacional, por lo que su ausencia no genera un vacío imposible de cubrir.

Para los productores isleños, sin embargo, la realidad es mucho menos alentadora. Enfrentan plazos ajustados para mover sus rebaños, presión de mercado por las ventas aceleradas y costos adicionales de logística de transporte. Muchos deben aceptar menores ganancias que las que obtendrían en circunstancias normales.

La crecida del Paraná pone nuevamente el foco en la fragilidad de la actividad ganadera en territorios sujetos a variabilidad hídrica. Aunque estas zonas son históricamente productivas, la falta de control sobre los niveles de agua las mantiene en una posición de vulnerabilidad constante.

Los especialistas también enfatizan que los productores deberían contar con estrategias preventivas más robustas: alianzas con otros establecimientos, infraestructura de drenaje mejorada y planes de evacuación pre-diseñados. Estas medidas podrían reducir significativamente el impacto de futuras emergencias similares.

Imagen: Malanca Stanislav / Pexels – Con informacion de La Nación

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