El uso de variedades resistentes al calor se consolida como la herramienta principal para asegurar la oferta de pasto en zonas de temperaturas elevadas.
El sector ganadero nacional busca alternativas para mitigar el impacto del cambio climático en la nutrición de los rodeos de cría e invernada. Se destacó la estrategia forrajera mediante el uso de gramineas megatermicas para blindar la ganaderia ante climas extremos, una técnica que permite mantener los niveles de producción incluso en periodos de sequía prolongada. Estas variedades de pasturas tienen la capacidad biológica de desarrollarse con eficiencia bajo condiciones de alta radiación y escasez hídrica, superando ampliamente a las especies tradicionales del templado. Su implementación en el norte y centro del país ha permitido estabilizar la carga animal por hectárea, evitando la necesidad de suplementación costosa con granos. Los especialistas resaltan que el manejo correcto de estas gramíneas incluye el pastoreo rotativo para favorecer el rebrote y la calidad del forraje ofrecido. Además, su aporte de materia orgánica al suelo contribuye a la salud integral del ecosistema rural. Los productores que han adoptado esta tecnología reportan una mayor resiliencia de sus establecimientos ante las olas de calor veraniegas. Se espera que la difusión de estos resultados impulse a más ganaderos a transformar sus esquemas de alimentación hacia modelos más sustentables. La capacitación en la identificación de los momentos óptimos de aprovechamiento es clave para maximizar el beneficio de estas megatérmicas. La ciencia forrajera argentina sigue liderando la investigación en especies adaptadas a las realidades locales. Sin duda, asegurar el «piso» forrajero es la prioridad número uno para cualquier negocio pecuario que aspire a ser rentable y previsible.

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