El insecto ha sido detectado en nuevas áreas geográficas, generando preocupación entre los agricultores y especialistas por su potencial daño en los cultivos de soja.
La sanidad vegetal de la región central del país enfrenta una amenaza creciente que obliga a redoblar los esfuerzos de monitoreo y control a campo. Se informó que el picudo negro continua su avance hacia el corazon sojero y preocupa, brindándose además una serie de claves para evitar su dispersion en los lotes que aún permanecen libres de la plaga. Este insecto, conocido por su capacidad de dañar severamente el sistema radicular y el tallo de las plantas, se ha desplazado desde el norte del país hacia zonas tradicionalmente exentas de su presencia. Los especialistas del sector advierten que el traslado de maquinaria sin la debida limpieza es uno de los principales factores que facilitan el movimiento de larvas y adultos entre establecimientos. Se recomienda a los productores realizar revisiones periódicas en las cabeceras de los campos y mantener la limpieza de los rastrojos para reducir los sitios de hibernación del insecto. La aplicación de insecticidas específicos debe realizarse siguiendo estrictos criterios técnicos para evitar la generación de resistencia en la población del picudo. La noticia ha generado reuniones urgentes entre las cámaras de sanidad vegetal y las bolsas de cereales para coordinar un plan de contingencia regional. La soja, pilar fundamental de la economía nacional, podría ver reducidos sus rindes si la plaga logra establecerse en la zona núcleo antes del próximo ciclo de siembra. La capacitación de los operarios agrícolas es vital para una detección temprana que permita frenar los focos iniciales antes de que se vuelvan incontrolables. El INTA ha puesto a disposición manuales de identificación para diferenciar al picudo negro de otros insectos menos dañinos presentes en el ecosistema. La vigilancia constante es hoy la única herramienta efectiva para proteger la inversión realizada por los productores.

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